martes, 28 de diciembre de 2010

¿HAS RESERVADO YA PARA CENAR?


Judy Chicago, The dinner party, 1974

Os invito a tomar asiento y a degustar de una cena, cuanto menos, peculiar. Los hombres, que se mantengan al margen, las mujeres, que cojan asiento, pues esta cena es sólo para mujeres.

Esta obra de Judy Chicago, que pertenece a la colección permanente del Brooklyn Museum, consiste en una mesa en forma de triángulo equilátero donde a cada lado se pueden sentar trece comensales. Cada uno de estos huecos de la mesa estaba reservado a una mujer en especial; mujeres ficticias o reales, históricas o mitológicas, pero mujeres que en sí habían contribuido de alguna manera a decirnos al resto de mujeres que podíamos ser algo más que madres, esposas y amas de casa. Esto, bien podría recordarnos al libro de Christine de Pisán, La ciudad de las damas, en el cual la escritora, junto a mujeres ficticias o reales, construye una ciudad sólo para mujeres en la cual puedan encontrar refugio y hacer frente desde ella a todas esas barbaridades que en la Edad Media se decían sobre la mujer.

La artista había bordado en cada uno de los sitios el nombre de las comensales, indicando así quién se sentaba en cada lugar. La mesa, está puesta y los cubiertos están dispuestos a ser utilizados. Los platos, esperando la comida. Cada uno de estos platos estaba decorado de tal manera que parecía un homenaje oculto a la vagina: flores, mariposas… todo eran formas que ella y Miriam Schapiro ya habían defendido en su momento y que giraban en torno a la construcción de un elemento central.



Esta mesa triangular se alza sobre un suelo de azulejos pulidos, en los que aparecen inscritos nombres de mujeres en letras doradas. Noventa y nueve azulejos que incluyen a noventa y nueve mujeres más. Este suelo fue denominado por la propia artista como the heritage floor (el suelo de la herencia).

Siguiendo los pasos de Virginia Woolf en su libro Una habitación propia de 1929, rescata del olvido la herencia de las madres y elabora una genealogía de mujeres eminentes de la historia, mayoritariamente, occidental. Se pretende, así, reescribir la historia desde un punto de vista femenino, alejándose de la “historia de él” (history) para adentrarse en la “historia de ella” (herstory). En palabras de la propia Judy Chicago: “Es un intento de reinterpretar la última cena desde el punto de vista de las personas que han preparado siempre la comida”.

La obra, con un alto componente simbólico: el triángulo equilátero como símbolo de igualdad y representación de la vulva. El número trece, que alude a la última cena de Jesús, así como al número de mujeres medievales que integraban las comunidades de brujas, no tuvo una gran acogida entre las comunidades feministas. Muchas se preguntaban si las mujeres que figuraban en la mesa eran más importantes que las que figuraban en el suelo. Se cuestionaban también si los platos, en forma de vulvas, debían considerarse una representación kistch de la mujer y más aún, creían que la obra de Judy Chicago contribuía fervientemente a la visión separatista de la historia de las mujeres: las mujeres por un sitio, los hombres por otro, ignorando la tradición dialéctica que han tenido las mujeres, a lo largo de la historia, con los hombres.

Críticas aparte, la intencionalidad de la artista según cuenta en su propio libro The dinner party (Merrell Publishers Limited, Nueva York, 2007), era dar a conocer al resto de las mujeres sus propias raíces, como mujeres, a través de figuras históricas femeninas que habían tenido que luchar o enfrentarse a su propia cultura para poder realizarse como personas. Estas mujeres que habían sido escritoras, pintoras o figuras importantes dentro de la Historia, habían sido olvidadas, dejando de existir para la humanidad y creándose, así, la Historia que se conoce hoy en día.

Este artículo fue publicado en la versión on-line de la Revista Vulture el día 16 de Diciembre del 2010.
Enlace: ¿Has reservado ya para cenar?

martes, 21 de diciembre de 2010

SIMPLEMENTE HAZ

«Querida Eva: aprende a decirle al mundo «jódete» de vez en cuando. Tienes todo el derecho. Simplemente para de preocuparte, de pensar, de mirar a tus espaldas, de preguntarte, dudar, temer, sufrir, buscar la salida de emergencia, luchar, aferrarte, confundirte, rascarte, murmurar, trastabillar, tartamudear, tropezar, resbalar, gruñir, lamentar, hacer trampas, revolver, insultar, criticar, aullar, sacudir, calcular, gemir, afilar, desollar, mesarte los cabellos, despiojarte, mearte, hurgarte la nariz, apretar el culo, meter el dedo en el ojo, señalar, escabullirte, aburrirte de esperar, dar pequeños pasos, mirar mal, rascarte la espalda, perseguir, colgar de tu percha, calumniar y roerte, roerte, roerte por dentro. ¡Para ya y simplemente HAZ!».

Consejos de artista a artista. Esta carta la escribió Sol Lewitt a su amiga Eva Hesse en Abril de 1965, en el ecuador de la carrera de ésta. Eva, empezó a exponer en 1959 y murió de cáncer en 1970 con 34 años.

Y Eva Hesse hizo. Hizo sus maletas y de Alemania, que es donde vivía y donde recibió la carta de su amigo Lewitt, se marchó a Estados Unidos donde floreció rapidísimamente. Entiendo que sus últimos cinco años de vida fueron más intensos que la vida completa de cualquier mortal.

Estas frases de Sol Lewitt para Eva Hesse las compartió conmigo una amiga y yo ahora, quiero compartirlas con todos vosotros, porque simplemente tenéis, tenemos, que hacer.

SIMPLEMENTE HAZ.

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿QUÉ ES ESO DEL ARTE FEMINISTA?



Georgia O´Keeffe

Antes de comenzar definamos qué es eso de “feminismo”, pues la palabra en sí ha ido adquiriendo alrededor de ella un concepto extraño y difuso a base del uso, desuso y abuso, perdiendo el concepto original de la palabra y acabando por transformarse en algo que no es. El feminismo es la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres o entre mujeres y hombres.

Las primeras manifestaciones organizadas de feminismo fueron las que en el siglo XIX pedían el sufragio a favor de la mujer. A partir de ahí el feminismo ha evolucionado, ramificándose en cuantas ramas fueran necesarias para acoplarse a las necesidades de las diferentes mujeres de diferentes culturas, por eso es recomendable hablar de feminismos que no de feminismo.

El término “feminismo” no es machismo femenino a la inversa (supremacía de la mujer sobre el hombre) sino, como se ha dicho antes, igualdad entre ambos. Es importante tener esto bien claro, pues si acabamos confundiendo el significado de la palabra con usos que no son correctos, al final la lucha se acaba desvirtuando.

En Estados Unidos, durante los años 60/70 surgió una forma distinta de ver el arte y sobretodo de ver y representar el cuerpo de una mujer, pues por primera vez eran mujeres las que se estaban representado a sí mismas bajo su propio prisma. Si bien es cierto que anteriores a estas artistas existieron otras mujeres que también lo fueron y las cuales hicieron representaciones de otras mujeres o de sí mismas, nunca fueron bajo el planteamiento que se hizo durante estos años en Estados Unidos. Gracias a estas mujeres y a sus labores de investigación hoy sabemos de mujeres artistas anteriores al siglo XX y de la existencia de otras que se plantearon la perspectiva de género o identidad antes que ellas, pero fue en los años 60/70 donde estas teorías se hicieron fuertes, pues influenciadas por los textos de Simone de Beauvoir, Betty Friedan, Judith Butler o Linda Nochlin, estas artistas trabajan el tema de la identidad femenina, el género o la política en instalaciones, performances, pinturas o fotografías.

Se dice que las precursoras de este Arte Feminista son dos: Judy Chicago y Miriam Schapiro. Estas artistas plantean la posibilidad de la existencia de un arte hecho por y para mujeres. En base a las preguntas: ¿Existe una “naturaleza femenina” común a todas las mujeres? y si es así ¿cómo se traduce esta “feminidad” en el ámbito de la producción artística? ¿puede hablarse de un “arte de mujeres” diferente del que producen los hombres? ¿qué significado cabe atribuir a la expresión “pintar como una mujer”? plantean la búsqueda de una sensibilidad artística específicamente femenina, a la cual acabaron llamando “iconología vaginal”.

Miriam Schapiro y Judy Chicago estaban convencidas de la existencia de una Female Imaginery (Iconología Vaginal). Esta teoría se refleja en artistas tales como Georgia O´Keeffe, la cual se adentra, según ellas, en la oscuridad de la identidad femenina, desarrollando obras “organizadas en torno a un núcleo central, mi vagina, que me hizo mujer” . Dentro de esta teoría, incluyeron a artistas como Lee Bontecou, Louise Nevelson y Deborah Remington, mujeres que en sus obras habían definido una cavidad central cuya organización suele utilizarse como metáfora del cuerpo femenino.

Dadas las circunstancias de la mujer a lo largo de la Historia, parece lógico pretender crear un arte específicamente femenino que reúna ciertas características específicas basadas en cualidades formales y expresivas, puesto que las vivencias de las mujeres como colectivos en la sociedad y en el ámbito artístico son distintas a las del hombre, es razonable pensar que exista un arte para mujeres y otro para hombres o un arte femenino y otro masculino. Pero mientras que, si analizamos el arte cubista, por ejemplo, sí podemos ver unas características formales y/o definitorias que distinguen ese movimiento artístico del resto de movimientos, no parece que ninguna cualidad de “feminidad” vincule en general los estilos de las artistas plásticas entre Artemisa Gentileschi, Madame Vigée-Lebrun, Angelica Kauffmann, Rosa Bonheur, Berthe Morisot, Suzanne Valadon, Käthe Kollitz, Barbara Hepworth, Georgia O´Keeffe, Sophie Taeuber-Arp, Helen Frankenthaler, Bridget Riley, Lee Bontecou o Louise Nevelson, por poner algunos ejemplos.



Lee Bontecou

No se cree que el arte tenga sexo, sino que puede hablar a cerca del sexo. Pensar que hay un arte de mujeres es una solución esencialista a un problema educacional ocasionado por una cultura patriarcal, en la que se nos ha hecho pensar que somos más diferentes de lo que en realidad somos. Si en la petición por la igualdad hablamos desde la diferencia o desde una igualdad separatista en la que diferenciamos Arte y “arte femenino o feminista” es crear un ghetto dentro del mismo ghetto que la sociedad patriarcal nos ha creado. Se debe incorporar ese “otro”, que nos han hecho creer a las mujeres que existe dentro de cada una de nosotras, al discurso genérico del Arte, pues si se aboga por un separatismo contribuimos, por un lado, a reforzar el estereotipo de “esferas separadas” vigente desde el siglo XIX. Como dice Linda Nochlin, sería un error considerar el Arte Feminista como una categoría específica y ajena a la trayectoria de la Historia del Arte, pues no existe una historia del arte feminista sino un movimiento artístico feminista dentro de la Historia del Arte. Es absurdo quejarse de segregacionismo sexual y a su vez construir una historia paralela a la genérica: en la historia hay cabida para ambos sexos.

Artículo publicado en la versión on-line de la Revista Vulture el día 03 de Diciembre del 2010.
Enlace: ¿Qué es eso del arte feminista?

viernes, 3 de diciembre de 2010

DE GÉNERO, SEXO… ¿Y ARTE?


Claude Cahun- I am in training don´t kiss me -1927

Aclaremos primero qué es eso del género dentro del arte, pues no nos referimos a género dentro de cuestiones pictóricas (bodegón, ecuestre, retrato…) sino nos referimos a género dentro del ámbito sexual, más concretamente, a la identidad de la persona.

Se entiende que género sólo lo tienen las palabras. Las palabras tienen un género masculino, femenino o neutro y que sexo sólo lo tienen las personas y los animales, es hembra o macho, hombre o mujer. A esto añadimos la definición que dio Simone de Beauvoir en su libro El segundo sexo publicado por primera vez en 1949. Según Beauvoir, el género es una construcción cultural sobre el sexo. Es decir, los conceptos que se tiene sobre masculinidad o feminidad son formas de ser mujer u hombre determinados por la cultura y la sociedad, formulando así la no existencia de una esencia femenina o masculina, que sería lo que daría forma al concepto de ser hombre o mujer. La frase que formuló en su día Simone de Beauvoir fue: no se nace mujer, se llega a serlo.

De esto se puede deducir que el género es una construcción cultural paralela al sexo, pero que a su vez es el sexo el que determina la construcción cultural: a un sexo determinado un género determinado. En este caso, sexo se asociaría más a la biología (macho-hembra) y género a la construcción cultural que se asocia a un sexo en concreto (masculino-femenino), siendo una serie de valores, comportamientos, roles, actitudes y expectativas que cada cultura ha construido para cada hembra-macho. Esto generaría las construcciones de “masculinidad” y “feminidad”. Así a la masculinidad le quedan asociados valores tales como autoridad, disciplina, control, razón, etc., y a la feminidad conceptos como dulzura, emoción, sentimiento, pasividad, etc. Estas construcciones no son casuales, sino que han ido edificándose a lo largo de la evolución cultural, religiosa, social, médica… Estos estereotipos tratan de ocultar lo que más de una vez sucede en la realidad, es decir, que hay ocasiones en las que una mujer tiene un comportamiento y una conducta masculina y viceversa.

¿Y qué tiene esto que ver con el arte?

En los años 60/70 en Estados Unidos se sucedió lo que más tarde fue llamado como Arte Feminista. Una serie de mujeres artistas, filósofas, sociólogas y estudiosas en general, queriendo contestar a la pregunta “¿a lo largo de la Historia, no ha habido mujeres artistas?” comenzaron una serie de investigaciones que las llevaron a descubrir que sí, hubieron mujeres artistas que la Historia obvió y que la mujer, dentro del taller de un pintor, no había sido más que otro mueble, pues su función había sido la de modelo y objeto de deseo, no la de mujer como persona que puede realizar Arte igual que un hombre. Esto les llevó a querer cambiar el concepto de “cuerpo de mujer objeto de deseo” y a empezar a reivindicar su propio cuerpo como dueñas de él mismo queriendo hacer, ellas mismas, sus propias representaciones de su propio cuerpo, alejándolas de la estereotipada visión masculina llena de tabúes (el cuerpo de la mujer es bello, pero la menstruación, siendo algo que sucede en ese cuerpo bello, es tabú).

Estas nuevas representaciones que la mujer hizo sobre su propio cuerpo abrieron todo un camino a investigaciones sobre la identidad de las personas. Que mi sexo sea el de una mujer no significa que yo, como persona, deba ajustarme al cien por cien a esa construcción cultural femenina que recae sobre mi sexo si yo no lo siento así, o si mi identidad como persona se ajusta más a la de un género diferente. Y lo mismo pasaría con un hombre.

A raíz de sus investigaciones se dieron cuenta que esos planteamientos que ellas hacían no eran nuevos, pues descubrieron a artistas como Rosa Bonheur, (1822-1899) la cual alcanzó enorme popularidad por sus pinturas y dibujos de animales. Para poder hacer este tipo de obras, Bonheur tuvo que visitar ferias de ganado, mataderos, mercados de caballos y espacios exclusivamente masculinos – recordemos que estamos en el s.XIX y estaba establecido el sistema de esferas separadas: el hombre hace la vida pública, la mujer se queda en casa – con lo cual, adquirió la costumbre, para moverse con más libertad por esos sitios, de vestirse con atuendo masculino. Atuendo que acabó llevando al terreno de lo privado, vistiendo así hasta en ocasiones en las que no necesitaba camuflarse.


Rosa Bonheur, Feria de caballos, 1855

El travestismo, en la época de Rosa Bonheur era ilegal: para evitar ser perseguida, la artista, cada seis meses debía conseguir un “permiso oficial de travestismo” que le expedía la policía de París y que firmaba un médico. Cualquier desviación con respecto a las normas codificadas de comportamiento sexual eran definidas como una “anomalía” que debía ser sometida al control del Estado y bajo supervisión médica. Que existiera este control y el “permiso oficial de travestismo” nos indica que existían suficientes personas fuera de la norma como para tener que regularlo a través de un formulario. Rosa Bonheur convivió durante muchos años con Natalie Micas, a la cual llamaba “mi esposa”, tras la muerte de ésta, compartió su vida con Anna Klumpke, la cual fue su heredera.

Otra artista digna de mención es Claude Cahun, la cual dijo de sí misma “nunca terminaré de desvelar todos estos rostros”, pero Cahun merece un estudio mucho más profundo, así que le dedicaremos más adelante un artículo completo.

Este artículo fue publicado en la versión on-line de la Revista Vulture el día 29 de Noviembre del 2010. Enlace al artículo: De género, sexo... ¿y arte?